Si volvemos la vista atrás, a las décadas de los sesenta y setenta, nos encontramos, en las hemerotecas, con los discursos de la ingenua juventud: la obsesión por las otras energías y la crítica despiadada por la nuclear, de quien se suponía la madre de todos los males. La “bicha”. “Enola Gay”.El transcurso de los años ha puesto a cada uno en su sitio: a los que, herederos de los australopitecos y vecinos de Atapuerca, fiaban todo en las renovables (eólica, solar, fotovoltaica y termoeléctrica, biogás, biomasa, hidráulica y de residuos) y los que, con mejor juicio, apostaban por poner los huevos en el mayor número posible de nidos incluyendo la denostada energía nuclear.
Treinta o cuarenta años después la conclusión, la cerril realidad, apunta bastos: el futuro es imposible sin la energía nuclear.
El posible cierre de la central de Garoña ha puesto en pie de paz a miles de ciudadanos directamente afectados por la decisión gubernamental. Y no solamente a los burgaleses (incluidos los de Atapuerca lugar) sino también a los valencianos del valle de Cofrentes. (“cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”) que ven próximo el fin de su oasis de paz y sociedad del bienestar.
Resulta extremadamente educativo ver cómo una decisión programática pueda levantar de manera unánime a la población en contra de algo poco meditado, contrario a la razón y planteado desde una ideología periclitada y no confirmada por los hechos.
En España –por no citar ejemplos de fuera –las posiciónes del Foro Nuclear, la CEOE, la CEPYME, la CS de CCOO, UGT, la Fundación FAES, los expresidentes de gobierno Felipe González y Aznar, están claramente a favor o bien de la energía nuclear o de abrir un debate en torno a olvidar moratorias.
La realidad se impone. Más cuando contamos hoy con cuatro millones y cuarto de parados, cuando las posibilidades de poner en funcionamiento diez nuevas centrales (de aquí a 2030) inyectarían en la obra publica no menos de 19.700 millones de euros directos, miles de puestos de trabajo y un 3% del PIB, ahora que nos encontramos con un 9% de déficit.
Los gobiernos deben estar constituidos por personas de mayor edad; con criterios e ideas fundamentados en el presente y previsión de futuro y no anclados en el activismo juvenil del acné de los sesenta.
Necesitamos criterios compartidos con el bienestar. Émulos de los países avanzados que ya apostaron, sin ningún tipo de complejo, por una energía que rebaja la factura eléctrica y reduce las emisiones.
El único alcalde del entorno de Cofrentes que “no sabe, no contesta” es curiosamente Adelo Montes Diana. Del PSPV.