Entre comillas, porque no son premios, son ganas de estropear la educación de los hijos, y, en muchos casos, quitarse de encima la responsabilidad. Le he comprado mi hijo de 12 años una nintendo último modelo, porque solamente ha suspendido tres asignaturas. O sea, en lugar de procurar la recuperación de lo suspendido, “premio” a la falta de esfuerzo. ¿Es posible que sea un modo, el “premio”, de acallar la conciencia de unos padres que no se han preocupado de los estudios de sus hijos?
Le han cateado cuatro asignaturas, pero es que el profesor le tiene manía porque es revoltoso y algo distraído. Para animarlo, le he regalado un móvil nuevo. O séase, el profesor tiene la culpa, y el niño lanzado al “consumismo”; o séase, más distracción y menos esfuerzo.
Todos los expertos en educación señalan con insistencia la necesidad de recuperar los valores en la educación, entre ellos por su importancia en el estudio, el esfuerzo, también la constancia. Cierto es que esa recuperación de la formación en valores esenciales debe incardinarse en los planes educativos, en la tarea del profesorado. Pero cierto es, asimismo, que los padres son pieza clave o quicio para esa educación en los valores. Si se “premia” el no esfuerzo –la pereza, en definitiva-, se esta enseñando al hijo que no pasa nada, que es más importante el tener que el ser, y el esfuerzo, el estudio, la constancia son valores insitos en el ser y no en el tener.
Estamos en época de crisis económica, grave y con horizontes negros en cuanto a la recuperación, Pero estamos en unos momentos de crisis en la educación –en los centros de enseñanza y en las familias-. Y la crisis en la educación –crisis en los valores- va a repercutir, y mucho, en la recuperación de malísimo momento económico que estamos sufriendo. Y me viene la memoria el proverbio o aforismo chino: si tu hijo tiene hambre, no le des un pez, enséñale a pescar.