Hay situaciones en las que tratar de instituir cambios a prácticas ya establecidas, como que resulta rizar el rizo del embrollo, dentro de una coyuntura de crísis económica de intnsidad grave, con un paro rampante, las instituciones financieras, apoyándose unas en otras, sin una posición consolidada y el resto de los actores económicos sin el más mínimo atisvo de mejora, sin brotes verdes ni cuentos en tecnicolor, no es el momento ideal para cambiar el modelo de financiación autonómica por parte del gobierno central.Está visto que la voracidad de las Autonomías no tiene freno, y ya me conformaría con que las mejoras obtenidas en la financiación se invirtieran en desarrollar la Comunidad Autonómica determinada. Pero este sistema, que antes era revisable cada cinco años, mediante reuniones de Consejo de Política Fiscal y Financiera, institución que tenía caracter provisional pero que por falta de un buen sistema de financiación definitivo, con sus óganos creados "ad hoc", con control y transparencia, se ha quedado como institución fija para cuando surjan nuevos cambios de modelo.
En cierto momento se estableció una alternativa casi definitiva, impulsada por el señor Zaplana, que vió la luz en julio del 2000, y que era tan importante como para ponerla en práctica en el año 2002. Términos como el "autogobierno autonómico" y la "autonomía finanaciera", además de los Principìos de Corresponsabilidad fiscal, y de Solidaridad entre CC.AA., eran los puntos cardinales de la propuesta. Tan insolidario se consideraba no ayudar al que no llega ,- normalmente por falta de una mayor cantiadd de trabajo - como absorver los estímulos de los que crean más riqueza - porque normalmente trabjan más-.
Ahora todo ha saltado por los aires y se intenta hallar un nuevo modelo de financieción autonómica. Llevo desde los comienzos de la necesidad de financiación, dedicándole atención máxima al tema, y todo se repite constantemente, con irregularidad regular -valga el redundancia- con lo cual deduzco que no está próxima la solución.
En cuanto un gobierno es minoritario y necesita apoyos para realizar medidas, pues ya se sabe, los partidos más pequeños están a la caza, y si tienen alguna influencia en el gobierno autonómico, pues a barrer hacia la parcela de su país. En cuanto el gobierno, tanto en mayoría como sin ella, se ve naturalmente volcado a las parcelas que su partido gobierna, por aquello de corresponder a tanta fidelidad como demuestran. Es todo rechazable, pero ejecutable con tanta normalidad que se admite sin prejuicio de nadie.
En esta situación actual, además de ser de una atención imperiosa la dedicación del gobierno por suavizar la crísis, cosa que por lo visto no se plantea con rigor, si que se envuelve en el embrollo de la financiación autonómica.
Surge con el nuevo estatuto de Cataluña, que por cierto es sospechoso por cuanto cuesta de alumbrarse, y sigue con el resto de CC.AA. que no quieren bailar con la más fea, financiación. Es una urgencia política el nuevo modelo. Cataluña da estabilidad parlamentaria al precario gobierno y el presidente que que se le agota el crédito catalán y quiere cumplir .A lo mejor es porque es del Barça y por ello su alegria en la inauguración de la nueva terminal del aeropuerto del Prat, T-1, aprovechando para menionar lo que le habia costado el gobierno, es decir al resto de españoles, 1.258 millones de euros, cantidad dos veces superior a la que se aprobó con el PP. en el 2003. Además aseguro que los recursos per cápita catalanes se situarán por encima de la medía del Estado, con el nuevo modelo.
La ministra Salgado habla como fecha tope el 15 de julio, para el modelo, y se aprobará aunque haya autonomías que estén en desacuerdo, respuesta ácida para nuestro conseller Gerardo Camps. Asi que vemos nuestro futuro como una NO actualización de las cifras de población valenciana, al pasar de 4 millones a 5, y una financiación per cápita menor que la media. Eureka! Los andaluces, por boca de su presidente Griñán prometen el bloqueo del modelo si se cede a las exigencias de los catalanes. Pero nos tememos la ampliación de su política del subsidio en Andalucia, y que el partido del gobierno sea de su signo político, da pié a la duda.