Y nos mira muy atentamente, como nueva presidencia española durante el primer semestre del 2010, y sentimos un profundo rubor si se tiene un mínimo de sentido de responsabilidad que no nos debe de atañer a la población, que en este caso es la sufridora, si no al gobierno que sustenta y que incluso puede haber votado. Toda la prensa norteamericana y europea, como el Wall Street Journal o el Finanacial Times, respectivamente, poner en tela de juicio, y lo digo discretamente, la capacidad de nuestros actuales dirigentes para conducir un continente, una Unión Europea de veintisiete naciones, con la precisión e inteligencia que sería necesario en un camino de emergencia de la crisis. La verdad es que no tenemos más remedio que inclinar la cabeza ante sus razones.
La más cínica de las pretensiones de Rodríguez Zapatero como ejerciente de la presidencia de la U.E. durante seis meses, es que él va a tratar de la crisis a los países que ya están saliendo de ella, y que nos miran ojipláticos con conmiseración porque nuestras situaciones, en todos los sentidos son atroces, y el mismo presidente ni sabe ni quiere tomar medidas ejemplares por si pudieran ser motivo de alejamiento de los votos, se supone.
Es totalmente ridícula su afirmación de que “la tierra es del viento”, me suena incluso mejor aquello de que es “de quien la trabaja”, y las mentes calvinistas de la mayor parte de la naciones europeas, mucho más prácticas, no entienden estas retóricas grandilocuentes que no dicen nada. Ven pragmáticamente la situación de España, donde este gobierno va para ocho años de mandato, y comprueban el fracaso más absoluto. De una nación respetada y admirada en Maastricht, hemos llegado a ser la peor situada en el ranking actual. La crisis ha afectado a todos, pero nosotros teníamos los cimientos muy débiles aún, y ah faltado la pésima gestión del gobierno actual para hundirnos y retrasar nuestro despegue mucho más tiempo.
Nuestro triple sostenedor económico es el siguiente. El mercado laboral , con un paro de más de cuatro millones de trabajadores, sin contar los que hacen cursillos que no se computan como parados, indican la gravedad de la situación. El problema es estructural y en vez de ponerse, sin sentido , al lado de los sindicatos, son más y más votos, el gobierno debiera acudir a sujetar el mundo empresarial que se derrumba. Se trata de reforma en profundidad.
El sector financiero, con su necesidad de reajustes, necesitaría una concentración tanto de cajas, como la despolitización de las mismas, y a la vez un proceso de concentración bancaria.
En cuanto al sector exterior, nos encontramos con que es el Gasto Público es el único remedio, vía deuda para avivar el consumo y la demanda. Puramente keynesiano. Pues nos encontramos con un déficit cercano al 10% del P.I.B. y una deuda impresionante de cerca del 6% del P.I.B. con los gastos financieros correspondientes, intereses, y una calificaciones de la misma a la baja, por las principales agencias de ratings, Moody´s, Standard & Poors, Ficht, J.P.Morgan, etc.,que nos han rebajado de la triple-A , calificación de la máxima solvencia.
En resumen, paro, sector financiero y sector exterior, tres pies tambaleantes sosteniendo a la nación española, y sin otra sujeción que sus propios ciudadanos. Sí, porque su presidente, rozando el cielo con sus dedos se va a dedicar a sacar de la crisis a las veintisiete naciones de la U.E. que ya están saliendo solas y que no pueden creer tanta muestra de incompetencia.